Mi película favorita: “Campamento Virgen Blanca”

Todo el mundo tiene una película favorita. Seguro que tú también. Sino, tómate un rato para escoger una. Esa que te entretiene y enseña, te hace llorar de alegría y deja tus sentimientos al descubierto, te hace parar y encontrarte. Sin duda alguna, la mía se llama “Campamento Virgen Blanca”. Sólo se proyecta una vez al año a las faldas del Posets.
Dirigida por Dios y protagonizada por un grupo de jóvenes locos entregados a la vida: nada puede fallar.

Este año hemos tenido muchas caras nuevas en el reparto. El primer día de rodaje siempre es el más duro, porque no sabes muy bien cómo ubicarte, pero la acogida es inmediata. Te sientes protegido, en familia. El clima de oración que se genera es perfecto, y es que,  realmente, es muy fácil conectar con Dios en ese entorno. Como dice la canción que
tanto hemos cantado, “cuando el viento habla tienes que escuchar” (A tu aire, Javi Sánchez). Supongo que el proyecto de Jesús no debe ser muy distinto a lo que hemos vivido estos días en Pirineos: compañerismo, alegría, entrega, y Amor de Dios –entre otros.

Las excursiones y el vivac son esenciales en esta experiencia. Caminar une y te hace reflexionar. Había gente que dudaba de sus capacidades para completar las excursiones, pero metimos primera y todos a una, como un equipo de remo, tipi-tapa. El vivac fue muy especial. La lluvia y el granizo nos acompañaron durante tres horas en la bajada a
Francia… ¡os podéis imaginar! Solo nos repetíamos una orden: “cabeza, y asegurad cada pisada”. No hizo falta más, todos y todas supimos cuál era nuestro rol en el grupo. Ayuda, paciencia y palabras de ánimo constantes. Una aventura que sin duda nos unió mucho. Dios nos acompañaba en cada pisada y eso se palpaba en el ambiente.

El foro de este campamento es otra de sus piezas clave. Es el hilo conductor de los ratos de trabajo, estructurado en un VER-JUZGAR-ACTUAR. Este año hemos tratado el feminismo bajo el lema “Feminóptica: renueva tu mirada”. Esta mirada nueva se consigue poniéndonos unas gafas moradas que cambian nuestra percepción: nos ayudan a detectar
las desigualdades de género que afectan a las mujeres y mejoran nuestra capacidad de juzgar y denunciar dichas situaciones injustas, para luego actuar en consecuencia en nuestro entorno.

Por eso, la película de este año se ha teñido de morado. Ha consistido en un ver exterior en el que hicimos unos talleres sobre las profesiones, la violencia no visible y la explícita, la mujer en la Iglesia y los roles desde la infancia. En el ver interior preparamos unos teatrillos sobre situaciones de desigualdad en las que todos nos reconocíamos cómplices o
víctimas. En el juzgar humano leímos diversos artículos recientes, para concluir en un juicio ficticio entre el patriarcado y el feminismo; y en el juzgar evangélico leímos unos textos bíblicos y dejamos un rato de reflexión personal. Para terminar, decidimos una serie de actuares. El del campamento consistió en hacer un GIF poniéndonos y sacándonos
las gafas moradas, con el compromiso de colgarlo en las redes… si no lo haces ya, es el momento de seguirnos.

No todo ha sido trabajar. Tuvimos un taller de manualidades (solo os digo que de la unión de un poco de punta de plastidecor y una plancha puede salir una obra de arte), también hicimos teatro –fue divertidísimo improvisar, cantar y bailar– y también hubo un taller de frisbee. Las veladas estuvieron genial, cada noche alguien se había preparado los
juegos, o una gincana, o un furor, o una guarrincana… lo dimos todo.

Antes os pedía que escogierais una película favorita. Ahora os lo pongo más difícil, ¿cuál ha sido vuestra escena preferida? Yo no sabría con cuál quedarme, pero no me centraría en recordar el sueño, el frío o el cansancio… me decanto por las charlas, las risas, las lagrimillas, las notitas, los ratos mirando las estrellas o con la guitarra. Me quedo
con las caras de todos estos jóvenes extraordinarios (con las gafas moradas puestas, por supuesto) que tienen ganas de cambiar el mundo, que tienen poco miedo, que viven cada momento al máximo, que se expresan, que reflexionan, que saben que somos más lo que hacemos que lo que decimos, que quieren seguir a Jesús.

Cuando menos te lo esperas estás ya en la ciudad, poniendo unas cuantas lavadoras, y encima hace un calor agobiante y quieres volver. Entonces te das cuenta de que la película se ha vuelto a hacer corta, que no está en Netflix y que no puedes volver a reproducirla tan fácilmente. Para sentirte conectado, escribes en el grupo de WhatsApp o cotilleas en
Instagram. Es emocionante leer los comentarios de los protagonistas: “Y es en la cima cuando te das cuenta de la importancia del camino”; “Mi hogar”; “Somos una familia, un auténtico mogollón”… Tranquilidad, ya solo quedan 352 días para la siguiente sesión.

Endika Prieto y Alba Martorell

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